Esta es la historia de mi familia y la de otras miles. Es una historia de lo que no merece ser publicado aunque sí escrito. En ella no hay grandes héroes, ni amores, ni crímenes. Aquí la gente muere de enfermedad o de viejo, o de aburrimiento. Sin grandes lujos y sin grandes llantos. Muere y vive sin dejar huella y sin hacer ruido. Escribo sin corregir, porque así es la vida, aunque lea lo que he escrito y aprenda de mis errores. Es la historia de miles de migrantes que lo dejaron todo para venir a trabajar a Vitoria en los sesenta y setenta. Llegaron con lo puesto, sin contratos y sin estudios. Expulsados de sus casas por el hambre y el tedio.Es el cuento de los migrantes sin prefijo.Viajeros de la vida. Aquí se construyeron un techo, trajeron a sus hermanos y malcriaron a sus hijos. Mientras tanto iban de vacaciones al pueblo y a las noches veían balcones llenos de geranios y oían lo que se escucha en los pueblos de Castilla cuando todo el mundo está en la siesta.
Pretendo hacer una radiografía de la intrahistoria de los habitantes de los barrios obreros de Vitoria. De los que no sabían nada de mayo del 68 porque para la hora que llegaban a casa de la fábrica ya era Junio. De los que les adelantó la vida cuando tenían solo 13 y se comió de golpe su niñez y juventud, y para cuando se dieron cuenta, tenían una hipoteca de las del diecinueveporciento y cuatro bocas que alimentar.Y entonces no hay mucho que pensar. De los que iban a bailar los domingos y al cine, y bebían vino de peseta. De los que solo conservan fotos de los bautizos y las comuniones.De los que dormían para descansar y no para soñar. De los que compraron su primer seiscientos cuando no era retro y compartían cama y pesebre con su camada. De los que soñaban con ir de vacaciones a Benidorm y todavía miran el precio del pollo. De los que siempre han sido mirados por encima del hombro y que cuando salgan en el periódico no serán ellos quienes lo vean. Héroes de parva y adobe, que volvían a sus pueblos cargados de televisores y frigoríficos aunque la antena del pueblo no cogiese ni un canal y supiesen que el frigo iba a estar desenchufado porque gastaba mucho. De los que llamaban y tenían que dejar recado.
Voy a empezar por lo más cercano. Por mi casa. Cada infrahistoria me llevará a otra de modo que entre todos vayamos tejiendo un mapa de historias que se relacionan entre sí. Una colcha y un orinal, que a las noches hace mucho frío en Castilla.
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